Lo que comenzó en 1999 como una reunión de amigos se convirtió en una de las mayores iniciativas solidarias de Tucumán. Este año, el Ramonazo recaudó $272.788.000 con la venta de 68.197 bonos. Detrás de esa cifra hay instituciones, proyectos y también historias que cambiaron gracias a esta cruzada de amor que ya rompió los límites provinciales.
La jornada de ayer comenzó con música y expectativa. Tripas Calientes fue una de las primeras bandas en subir al escenario y, mientras avanzaban las horas, el número del pozo crecía. Antes de las 15 ya había alcanzado los $160 millones.
A las 17 llegó uno de los momentos más celebrados. El Ramonazo había alcanzado los $190 millones y superaba el récord de la edición anterior, que había llegado a $186 millones.
Pero todavía faltaba mucho.
Minutos después la recaudación alcanzó los $202 millones. A las 17.30, cuando se amplió el horario de venta de los bonos, ya eran $223 millones, y finalmente, esa cifra se multiplicó hasta ubicarse en $272.788.000.
El número ganador del Renault Kwid 0 km fue el 7268.
Entre amigos
Pepe Ramón, uno de los impulsores de la iniciativa, todavía se emociona cuando recuerda cómo comenzó todo.
La historia se remonta a 1999, cuando una reunión de amigos terminó convirtiéndose en una propuesta solidaria. Era su cumpleaños y, en lugar de recibir regalos, pidió a sus conocidos que colaboraran con una causa: ayudar a pequeñas escuelas rurales.
Lo que comenzó con unas 20 o 30 personas fue creciendo con los años hasta convertirse en una de las grandes jornadas solidarias de Tucumán.
“En mi cumpleaños cada uno me traía regalos y yo no quería regalos para mí sino para ayudar a escuelitas rurales”, recordó Ramón.
Este año, con la voz entrecortada por la emoción, agradeció los mensajes y las colaboraciones que llegaron desde distintos puntos del país.
“Agradecido a todos los tucumanos, pero también a todos los argentinos que se sumaron a esta cruzada solidaria”, expresó.
Y resumió el espíritu que, según explicó, mantiene vivo al evento: “Siempre decimos que queremos que sea una fiesta de solidaridad”.
Obras reales
Para quienes participan, el aporte puede parecer pequeño. Son $4.000 por un bono que, además, permite participar por premios como el automóvil 0 km, cuatro millones de pesos, un millón, $300.000 y $150.000, una bicicleta eléctrica y una bicicleta mountain bike.
Pero en las instituciones que reciben la ayuda, saben que el valor está en la suma.
La Cooperadora del Hospital Avellaneda es una de las organizaciones que conoce de cerca ese impacto.
Una de ellas es Casa Clarita, un espacio que funciona como alojamiento para personas que llegan desde zonas alejadas de la provincia y necesitan permanecer en la capital durante sus tratamientos. Pueden quedarse allí junto a sus hijos mientras realizan estudios, atraviesan una internación o esperan una intervención quirúrgica.
Hace días, la historia de una madre que llegó desde la alta montaña se viralizó y emocionó a todos. Su embarazo de alto riesgo obligaba a que permaneciera tres meses cerca del hospital. Durante ese tiempo pudo tener un lugar donde dormir, recibir contención y atravesar el proceso acompañada. Cuando nació su bebé, ambos fueron bautizados juntos.
Para quienes trabajan en la institución, ese momento permitió ver con claridadel impacto de una obra solidaria en la vida cotidiana de una persona.
El Hospital Avellaneda es solamente una de las instituciones que forman parte de la red beneficiaria del Ramonazo. También reciben colaboración Down is Up, ANIA, la Escuela Especial ALPI, la Fundación Albergues Infantiles, APAMD Maternidad, FEDEH, Don Orione, Yanapay, Munay y el Comedor Rayito de Luz, entre otras organizaciones.
Esa diversidad es parte de la identidad que fue construyendo el Ramonazo. Por eso, para quienes participan año tras año, este evento es la transformación de miles de pequeños aportes en una ayuda que puede cambiar una historia concreta.